sábado, febrero 21, 2026
Alimentación

¿Cuándo es momento de consultar a un nutriólogo después de los 60?

Lo sabemos, quizá esta pregunta parece obvia. Y muchas personas, en diferentes etapas de la vida, se han preguntado si necesitan apoyo profesional para mejorar su alimentación.

Pero hay algo que ocurre con frecuencia después de los 60: asumimos que “así es la edad”, que ciertos cambios son normales y que no hay mucho por hacer.

A veces damos por hecho que necesitamos ayuda, pero no hacemos caso. O peor aún, creemos que mientras comamos «más o menos bien», todo está bajo control.

La realidad es que la alimentación en esta etapa no se trata solo de comer menos o evitar ciertos alimentos. Se trata de preservar fuerza, energía, autonomía y calidad de vida. Y ahí es donde un nutriólogo puede marcar una diferencia enorme.

Pero… ¿cómo saber cuándo realmente es momento de consultar?

Muchas personas piensan que solo deben acudir a un nutriólogo cuando tienen obesidad, diabetes o cualquier otra enfermedad. Sin embargo, esa es solo una parte de la historia.

Con el paso de los años, el cuerpo cambia:

  • Disminuye la masa muscular.
  • El metabolismo se vuelve más lento. 
  • La sensación de sed puede reducirse.
  • El apetito puede variar. 

Lo más sorprendente es que estos cambios pueden ocurrir incluso cuando el peso corporal de una persona parece “normal”.

Es decir, una persona puede verse aparentemente saludable y aun así estar perdiendo músculo, tener deficiencias nutricionales o no estar cubriendo sus requerimientos diarios.

Y aquí viene algo importante: no todos los cambios son normales solo porque aparezcan con la edad.

  • Pérdida de peso no intencional. Si una persona mayor pierde varios kilos sin proponérselo, aunque “se vea mejor”, puede estar perdiendo masa muscular y no grasa. Esto impacta directamente en la fuerza, el equilibrio y el riesgo de caídas.
  • Fatiga constante. Si alguien duerme bien pero se siente sin energía, puede existir un déficit nutricional, una ingesta insuficiente de proteínas o una alimentación poco equilibrada.
  • Señales más silenciosas: dificultad para masticar, molestias al tragar, problemas digestivos frecuentes como estreñimiento o distensión abdominal. Muchas veces se normalizan, pero afectan directamente la calidad de la dieta.
  • Cambios en el apetito. Cuando hay poco interés por la comida o se reduce significativamente la cantidad que se consume, el riesgo de desnutrición aumenta. Sí, desnutrición. Y no, no es exclusiva de personas hospitalizadas.

Pero eso no es todo.

  • Si existen enfermedades crónicas como hipertensión, diabetes, enfermedad renal o alteraciones en el colesterol, la alimentación deja de ser un tema opcional y se convierte en parte del tratamiento.
  • La sensación de sed disminuye. Muchas personas no beben suficiente agua simplemente porque no sienten la necesidad. Una deshidratación leve puede generar confusión, cansancio, dolor de cabeza o incluso aumentar el riesgo de caídas.
  • Problemas dentales, prótesis mal ajustadas o dificultad para masticar pueden llevar a evitar ciertos alimentos clave como carnes, frutas o verduras crudas. Con el tiempo, esto empobrece la dieta sin que la persona lo note.

Consultar a un nutriólogo después de los 60 no significa empezar una dieta restrictiva.

Significa recibir una evaluación individualizada. Significa entender cómo están los niveles de proteína, si la ingesta de fibra es adecuada, si hay riesgo de deficiencias de vitamina B12, vitamina D o calcio.

Significa ajustar porciones, horarios y combinaciones de alimentos para favorecer energía, digestión y salud metabólica.

Y lo más importante: significa prevenir.

Porque esperar a que aparezcan complicaciones siempre será más costoso —emocional y físicamente— que actuar a tiempo.

Si te identificas con una o más de las situaciones anteriores, probablemente sea buena idea consultar a un nutriólogo.

No se trata de alarmarse. Se trata de ser preventivos.

Así que, consultar a un nutriólogo después de los 60 no es señal de debilidad. Es una decisión inteligente que te permite mantener tu independencia, tu energía y tu calidad de vida por más tiempo.

Elaborado por Jazmín Camacho | Gerontóloga