Depresión en el adulto mayor: señales que no debemos normalizar
La depresión en la vejez es un problema común y muchas veces silencioso.
A nivel Mundial, estudios sugieren que alrededor de una de cada cuatro personas mayores presenta síntomas de depresión durante su vida, aunque la prevalencia puede variar mucho según el lugar, las condiciones de vida y los factores sociales y de salud.
A diferencia de lo que ocurre en generaciones más jóvenes, la depresión en personas mayores puede manifestarse de formas que no siempre reconocemos como “sentirse triste”. Cambios en el sueño, el apetito, la energía o incluso en la forma de relacionarse con los demás pueden parecer parte de la vejez, pero muchas veces no lo son.
Entender y reconocer estas señales es clave, no solo para cuidar la salud mental de las personas mayores, sino también para acompañarlas de forma compasiva y efectiva cuando lo necesitan.

¿Por qué es importante reconocerla?
La depresión no es “algo normal de la edad”. Aunque puede ser más frecuente en personas con enfermedades crónicas, circunstancias estresantes o reducida red social, no es una consecuencia inevitable de envejecer.
Además, en la vejez la depresión se asocia con:
- Mayor riesgo de otras enfermedades físicas
- Peor recuperación de enfermedades
- Menor calidad de vida
- Aumento de la dependencia funcional
- Incluso mayor riesgo de ideación suicida si no se detecta y trata a tiempo.
Como familiares, cuidadores o amigos, reconocer lo que es tristeza saludable frente a lo que podría ser depresión puede marcar una gran diferencia en la vida de una persona mayor.
¿Cómo se diferencia la tristeza de la depresión?
La tristeza forma parte de la vida. Todos la hemos sentido después de un cambio importante o una pérdida significativa. La tristeza puede venir y pasar, y suele respetar el contexto que la provocó.
La depresión, en cambio, es persistente y afecta el día a día. No siempre se presenta como tristeza evidente. Pero cuando los síntomas persisten más de dos semanas y afectan la vida diaria, es momento de prestar atención.
Señales que pueden pasar desapercibidas
A veces no es una sola señal, sino un conjunto de cambios sutiles los que nos indican que puede haber depresión:
1. Menos interés en actividades cotidianas
Quizá antes disfrutaba caminar, cocinar, conversar con amigos o ver programas favoritos, y ahora simplemente ya no le interesa.
La pérdida de placer en actividades habituales es uno de los signos más frecuentes y clínicamente relevantes.
2. Cambios en el sueño o apetito
Dormir demasiado, dormir mal o despertarse varias veces por la noche…
Comer mucho menos o con poco apetito…
Estos cambios pueden confundirse con “cosas de la edad”, pero cuando son persistentes, no deben normalizarse.
3. Fatiga día tras día
No solo sentirse cansado después de un día ocupado, sino que el cansancio persiste, incluso tras descansos adecuados.
4. Alejamiento social
Evitar llamadas, reuniones familiares o encuentros con amigos puede parecer una elección personal, pero también puede ser una señal de que la persona está lidiando con depresión.
5. Quejas físicas sin causa clara
Dolores sin explicación médica, malestar general o problemas digestivos que no mejoran pueden acompañar la depresión en personas mayores.
El peligro de normalizar síntomas
Es común pensar que “son cosas de la edad” o que “se le pasará solo”. Pero cuando estas señales se mantienen en el tiempo y afectan la rutina y el bienestar general, pueden indicar una depresión que necesita atención profesional.
Ignorar estas señales puede retrasar la atención y aumentar el sufrimiento innecesariamente. En algunos casos, puede incluso deteriorar la salud física y la calidad de vida.
¿Cuándo buscar apoyo profesional?
No todas las depresiones requieren hospitalización. Pero sí es importante consultar con un profesional cuando:
✔ Los síntomas persisten por más de 2–3 semanas
✔ Hay aislamiento social o falta de energía que afecta la vida diaria
✔ Cambios en el sueño o el apetito continúan
✔ Existen pensamientos de “no querer seguir” o de inutilidad
El profesional puede ser:
- médico (geriatra / médico familiar) para descartar causas físicas o efectos de medicamentos
- psicólogo para terapias habladas
- psiquiatra si se requiere medicación o valoración más profunda
Apoyo cotidiano: no todo es terapia
Además de atención profesional, hay enfoques complementarios que pueden ayudar en la vida diaria:
🧍♂️ Movimiento moderado
Caminar, estirarse, hacer ejercicio suave regularmente se asocia con mejor ánimo y menos síntomas depresivos, incluso con pocos minutos al día.
👥 Mantener conexiones
El contacto regular con familia, amistades o grupos incrementa la sensación de pertenencia y cuidado.
📚 Rutinas y pequeños logros
Tener algo por lo que levantarse cada día —aunque sea sencillo— puede reforzar la autoestima.
La depresión en la vejez no es una “etapa normal de la vida”. Es un problema real, frecuente y tratable. Reconocer las señales, hablar de ellas sin estigma y acompañar con empatía puede cambiar la historia de una persona mayor de manera profunda.
A veces el cambio comienza con una pregunta sencilla:
💬 “¿Cómo te has sentido estos días?”
Esa pregunta puede abrir la puerta a un camino de cuidado, acompañamiento y, sobre todo, escucha.
Elaborado por Jazmín Camacho | Gerontóloga
